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Las finanzas de los excluidos

posted Nov 10, 2010, 2:55 AM by Luca Torre   [ updated Nov 10, 2010, 3:19 AM by Luca Torre ]

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El Pais, May 10, 2009       


Las instituciones de microfinanzas (MFI, en sus siglas en inglés) ya manejan, según el Deutsche Bank, 25.000 millones de dólares (18.648 millones de euros) en este tipo de préstamos. Unos fondos que van dirigidos a fomentar la actividad emprendedora de los excluidos del sistema financiero tradicional a través de microcréditos, avales, transferencias, seguros... "Supone recuperar ese toque humano que ha perdido la actividad financiera", dice Mitchell Lench, socio de Ireetopscapital, firma especializada en este tipo de inversiones.


El mundo de las finanzas ha descubierto que los menos favorecidos pueden ser rentables. "Las microfinanzas demuestran que dar autonomía económica a los pobres es un buen negocio", según Pierre M. Omidyar, fundador de Ebay. Y la crisis financiera, como relata Mohammad Yunus, creador del Grameen Bank en Bangladesh, una institución de microfinanzas con la cual ganó el Premio Nobel de la Paz en 2006, no les afecta porque están basadas en la economía real. "Cuando damos un préstamo de 100 dólares, detrás de los 100 dólares hay pollos o vacas. No es nada imaginario", dijo Muhammad Yunus en el semanario The Economist.


Pero ¿esta moda responde a un interés real? ¿Son buenos negocios en el sentidooccidental de la palabra? En términos de solvencia, sí lo parecen. Sobre una morosidad media de los bancos del 3,2%, las MIF tienen una tasa del 2%, según los datos de la firma Ambers Capital. También disfrutan de una mejor posición de liquidez que la banca comercial, ya que los microcréditos disponen de vidas medias de seis meses y el pasivo de la MFI está financiado a largo plazo por inversores privados y agencias multilaterales.

Y los excluidos, paradójicamente, son buenos pagadores. ¿La razón? Los créditos se dan en grupos familiares. La vigilancia entre ellos asegura el repago porque se conceden siguiendo el principio de corresponsabilidad. Por tanto, bajo un firme control. El oficial de créditos supervisa a los prestatarios a través de frecuentes visitas al negocio e incluso a su propia casa. Otra seña de identidad es que nunca se conceden para el consumo. Aunque diversos expertos piensan que con la dureza de la actual crisis, bastantes de estos micropréstamos sí se están desviando al consumo y no se destinan a inversión, pues los prestatarios usan los nuevos créditos de una MIF para pagar las deudas contraídas con otra.

En esta lista de inconvenientes estarían también los altos tipos de interés que se aplican, superiores a los de la banca comercial, aunque muy por debajo de los que ofrecen los usureros; una figura habitual en Latinoamérica o Asia. "Estas elevadas tasas se explican por el riesgo que asumen las entidades y porque el análisis del mismo es muy caro", indica Verónica López, consultora de AFI. El oficial de créditos tiene que desplazarse muchas veces a remotas zonas rurales o estudiar la viabilidad de un negocio ambulante que ni siquiera lleva una contabilidad básica. O sea, no son tan inmunes a la crisis. "Las carteras de microcréditos de bancos y cajas han sufrido un fuerte deterioro debido al aumento de la morosidad", advierte Javier Santomá, profesor del IESE.

En España pueden verse afectados los cerca de 38 millones de euros que, según datos de la Fundación Nantik Lum (Madre Tierra, en lengua maya), mueven al año. Una cantidad pequeña, pero que en términos aristotélicos tiene la potencia de convertirse en algo más grande. Nantik Lum es un buen ejemplo. Ha duplicado su presupuesto respecto al año anterior. Maneja 444.000 euros, y en su patronato integra a primeros espadas de OHL (Juan Villar Mir), Telefónica Internacional (Antonio Vázquez), Deutsche Telecom España (Felipe Fernández Atela)... La fundación tiene iniciativas de microfinanzas en República Dominicana, Haití y México.

Su última propuesta, "dentro de un alma como la nuestra, que está dirigida a la lucha contra la pobreza", cuenta Silvia Rico, directora general de Nantik Lum, parte de los inmigrantes que viven en España. Se trata de conseguir que al menos una parte de las remesas que envían estos inmigrantes a sus países de origen, y que reciben sus familiares, se destinen a actividades productivas y no al consumo. O sea, que se transformen en microcréditos generados y avalados, en parte, por la propia familia.

Este concepto de grupo, donde se crean fuertes lazos, es otra de las singularidades de esta industria y explica que el 85% de quienes reciben los microcréditos sean mujeres, las cuales "se han mostrado como grandes microemprendedoras, ya que cuando tienen ingresos adicionales tienden a favorecer su entorno familiar más próximo", reflexiona Agustín Vitórica, socio de Ambers Capital.

Esta mezcla de economía y psicología justifica la existencia de más de 3.500 instituciones activas en el mundo de los microcréditos. Y su imparable crecimiento en las regiones más deprimidas del planeta. Un reciente trabajo del Banco Interamericano de Desarrollo (BID) señalaba que sobre 108 bancos latinoamericanos consultados, el 80% afirmó que el sector era estratégico para ellos.

Latinoamérica ha sido pionera y cuenta con una de las ratios de penetración más altas del mundo. En Paraguay, Chile y Perú, el nivel oscila entre el 25% y el 35%, y en Bolivia supera el 160%, según el Banco Mundial. En México hay experiencias tan exitosas como la de Compartamos -la institución más grande de microfinanzas del continente, con casi un millón de clientes-, la cual salió a Bolsa en 2007 y su oferta fue sobresuscrita 13 veces, recuerda Luca Torre, antiguo miembro de la entidad y actual socio de Ireetopscapital.

El BBVA también ha visto las posibilidades en este continente. Su estrategia, aseguran fuentes de la entidad, es la construcción de una red microfinanciera. Para ello compran entidades microfinancieras ya existentes o crean nuevas instituciones de la mano de socios locales. El pasado mes de abril lanzó en Chile una nueva entidad de microfinanzas junto a la cooperativa Credicoop, y en 2008, en Perú, fundó Caja Nuestra Gente, fruto de la fusión de Nor Perú, Caja Sur y Tacna. De esta forma, el mapa de su presencia se reparte, además, entre Colombia (Bancamanía), Puerto Rico (Corporación para las Microfinanzas) y Costa Rica. En total, el banco gestiona un presupuesto de 200 millones de euros y una cartera de 370.000 clientes de bajos ingresos, que manejan unos créditos medios de 800 euros. El Banco Santander tiene también intereses en las microfinanzas latinoamericanas. En Brasil, por ejemplo, su filial, Banco Real, cuenta con una división denominada Real Microcrédito. Junto a Brasil, la actividad del banco se extiende a Argentina, El Salvador y Chile.

Ahora bien, estas propuestas no son exclusivas de Latinoamérica o Asia; en España ya se está trabajando en un Comportamos español, asegura una fuente próxima al proyecto, que tendría a los inmigrantes excluidos de las coberturas sociales como principales receptores de los créditos
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